sábado, 19 de mayo de 2012

La decisión de ser Maestra Jardinera. Ser docente en la Educación Inicial.


Cada vez que la ocasión me lo permite cuento a quienes se inician en la carrera docente de Educación Inicial, que hace unos 25 años atrás, cuando decidí estudiar en el Profesorado una docente de cátedra preguntó “¿por qué quieren ser maestras jardineras?” y antes de que alguien se dispusiera a responder, con una voz casi intimidante advirtió: “no me van a decir que es porque les gustan los chicos, porque si es así le digo que vayan a animar fiestas infantiles”. En ese momento se produjo un gran silencio en el curso, y llevó unos minutos pensar la respuesta.
¿Por qué traigo a mi memoria esta anécdota una y otra vez? Tal vez sea porque a partir de ese momento tomé conciencia que formarse como docente para el nivel elegido era algo serio, que merecía una preparación específica y que nada tenía que ver con aquellos supuestos instalados en el sentido común de la sociedad argentina de aquella época:
                                                   *            Las maestras jardineras juegan todo el día con los nenes
                                                   *            Son improvisadoras
                                                   *            Cuidan a los chicos como si fueran “sus segundas mamás”
                                                   *            Son una especie de apóstoles de la educación de los más pequeños
Pero a pesar de haber tomado conciencia de que nada de eso era ser maestra jardinera, no fue tarea fácil desprenderse de aquellas representaciones a las que además se agregaban otras cuestiones propias de la formación docente de aquel momento histórico y social (última etapa de la dictadura militar), como lo expresaban Lydia P. de Bosh y Lilia F. de Menegazzo[1]  La maestra jardinera es objeto de continua observación por parte de los niños; por ello los detalles de su presentación, aspecto físico, vestimenta, ademanes y la propia voz deberán reunir determinadas condiciones. Es obvio que debe estar libre de defectos físicos; su rostro ha de tener una expresión agradable y estar siempre listo para una sonrisa. Su ropa sin ser llamativa, ha de ser de colores claros y alegres; en ese sentido, el guardapolvo o uniforme que use deberán reunir esas condiciones”( ¡ A estas expresiones seguramente faltó agregar que sea linda y joven !!!!)…
Es posible que este modo de ver y entender la figura de la maestra jardinera, se relacione estrechamente con las políticas de representación de un contexto histórico, político y social de un sector dominante que se impone y que es responsable de la producción de conceptos. Los sujetos dicen lo que dicen según el contexto, según la manera de ver y entender el mundo. Es por eso, que decimos, que la figura de la maestra jardinera es un concepto que se construye en el día a día y su representación varía según la perspectiva desde la cual se construye esa representación. El atribuir un significado a algo, es decir, a un acontecimiento, a una persona, a un objeto, de características ambiguas, es una competencia que ha sido llamada “política de la representación”[2] (Hugh Mehan, 1989)
Ser docente en la Educación Inicial, implica la formación profesional de la Maestra Jardinera, que se inicia con nuestras primeras experiencias como alumnas. Aparecen en nuestra mente recuerdos de infancia, fotografías del jardín o de nuestra escuela primaria, maestras con delantales blancos, profesores, imágenes que se repiten y se refuerzan a medida que avanzamos el recorrido de nuestra trayectoria escolar por todo el sistema educativo. En nuestra propia biografía escolar se va formando el perfil de maestra que desearíamos ser, y en muchos casos, contradictorio a aquellas imágenes internalizadas de nuestro propio proceso de aprendizaje, en el que fuimos construyendo modelos, o como diría Ana P. de Quiroga[3] “matrices de aprendizaje”, modelos que se fueron construyendo desde lo vincular, desde la relación de cada uno consigo mismo y con los otros, de la interpretación del mundo, de lo real. En esta trama de vínculos y relaciones sociales nos vamos constituyendo esencialmente en sujetos sociales. Pero al mismo tiempo nos vamos constituyendo como sujetos de aprendizajes, “sujetos cognoscentes”. Así es como, en todo nuestro recorrido escolar hemos ido “aprendiendo a aprender” a ser maestras jardineras, construyendo un modelo interno propio que incluye y en ocasiones se enfrenta al sistema de representaciones que mencionaba en párrafos anteriores.
El concepto de “maestra jardinera” sin duda es una construcción social, es decir, que va cambiando en el tiempo, por lo que demanda una permanente revisión del rol. Así como es necesario construir una nueva visión del niño y de la infancia, de la sociedad y la familia, de la escuela y la educación, también es necesario construir una nueva mirada sobre el ser docente en la Educación Inicial, en contexto, aquí y ahora, en un marco político, social, cultural y económico actual, que permite construir nuevos conceptos desde la diversidad, la heterogeneidad y la particularidad, resignificando la figura de los docentes en el Nivel Inicial, conocedores insuperables de la especificidad del nivel.
Desde un nivel macro de las políticas educativas Nacional y Provinciales se han comenzado a resignificar estas cuestiones desde la elaboración de los nuevos Diseños Curriculares  para la Formación Docente de Educación Inicial siendo los Institutos de Formación Docente (Profesorados) los responsables de aplicarlo a nivel micro en cada una de sus instituciones; y desde los nuevos Diseños y Lineamientos Curriculares para la Educación Inicial que cada provincia ha elaborado a partir de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206, como marcos orientadores para la práctica docente de las maestras jardineras en las salas de los Jardines de Infantes de todo el territorio argentino.

Margarita Penadés. En caché - Similares





[1] BOSCH, L. y MENEGAZZO, L. (1983) “El jardín de infantes de hoy”. Ed. Librería del Colegio. Bs.As. Decimosegunda edición.
[2] MEHAN, H. (2001) “Un estudio de caso en la política de la representación” en “Estudiar las prácticas. Perspectivas sobre actividad y contexto”, de Seth Chaiklin y Jean Lave, compiladores. Amorrortu Editores. Bs. As.
[3] QUIROGA, A. (1999). “Matrices de aprendizaje” Ediciones cinco. Buenos Aires. Cap.IV

1 comentario: